Antisemitismo y conflicto árabe israelí

07/Oct/2014

Montevideo Portal, Ana Jerozolimski

Antisemitismo y conflicto árabe israelí

Este viernes 10 de
octubre a las 21.30 horas, en el marco de la Feria del Libro, será presentado
el libro «Antisemitismo y conflicto árabe-israelí», editado por
Ediciones B., escrito por el Cr. Marcos Israel, ex miembro de la Comisión
Nacional de lucha contra el Racismo, la Xenofobia y todo tipo de
Discriminación, y ex Presidente del Comité Central Israelita del Uruguay.
La presentación se
realizará en el Salón Dorado de la IMM y contará con el aporte del historiador
Gerardo Caetano.El prólogo es de Daniel Vidart.
Aún antes de su
presentación oficial , el libro, escrito tras una profunda investigación, tiene
gran repercusión en Uruguay. Lamentablemente, en la situación actual, su
relevancia supera toda descripción posible.
Nos parece que vale la
pena este conversación con Marcos Israel.
P: Marcos, con mucha
demora, pero por cierto en un momento más que indicado, realizamos al fin la
entrevista sobre tu libro «Antisemitismo y conflicto árabe-israelí».
Comenzaría preguntándote por qué elegiste ese tema…te imagino escuchando o
leyendo noticias sobre la situación entre Israel y los palestinos, discusiones
sobre tal o cual tema puntual..y diciéndote a vos mismo..»no es eso…es
algo mucho más profundo»..¿verdad?
R: Sí, todo el tiempo. El
tema lo elegí hace mucho, cuando descubrí una relación estrecha entre el
antisemitismo y el conflicto, y quise buscar desde cuándo esto estaba
ocurriendo. En la investigación que hice al respecto, encontré que estaba
escrito, como se dice, en negro sobre blanco, en el primer documento que
refiere al conflicto; un memorándum que los líderes árabes de 1921 le
presentaron al Secretario de Colonias británico, Winston Churchill, en el que
expresaban que si el proyecto de hogar nacional judío prosperaba, esto
despertaría el odio de musulmanes y cristianos.
¿Te das cuenta? Mucho
antes que se generaran los problemas que hoy se esgrimen como excusa o
fundamento para justificar el terrorismo, la «resistencia», etc. El
odio estaba puesto allí desde que los árabes movieron su primera ficha. No sólo
eso. En sus considerandos, citaban al libro Los Protocolos de los sabios de
Sión, que ya en ese momento se sabía que era un libelo. Así pues, el
antisemitismo está en las bases mismas del conflicto.
P: ¿Cuáles son tus
conclusiones principales?
R: La principal de todas
es que esto no tiene solución si no se combate frontalmente el odio. Quiero
decirte que en el origen, la oposición al establecimiento del Estado judío
provenía exclusivamente de los líderes feudales árabes. Con el tiempo, y con la
ayuda del Imperio británico , y más tarde, de los nazis escapados de Europa
luego de culminada la Segunda Guerra Mundial, el odio fue extendiéndose a capas
cada vez más amplias de la población árabe, mediante la aplicación de una
política de Estado, lo que llamamos racismo de Estado. Así, al día de hoy,
grandes mayorías del continente árabe odian a Israel y a los judíos. Este odio
es incompatible con la paz.
Luego de la guerra de
1967, la Rusia soviética se encargó de amplificar este antisemitismo a
Occidente, con una sarta de injurias al estilo de los viejos Protocolos, esta
vez contra Israel y el Sionismo en lugar de centrarse en el judío. Con una
campaña propagandística y diplomática fenomenal, instiló a la izquierda mundial
de un renovado antisemitismo post-Holocausto, y reforzó el árabe, consolidando
la permanencia del conflicto. Así, cada episodio del conflicto agita el
antisemitismo, y éste potencia el conflicto.
P: ¿Se puede generalizar?
O sea…el afirmar que hay raíces antisemitas en la hostilidad árabe contra
Israel, no necesariamente significa que no haya lugar para legítimas
discrepancias políticas..¿verdad? ¿Dónde está el límite entre una cosa y la
otra?
R: Definitivamente el
núcleo duro de la cuestión se basa en la concepción supremacista árabe-islámica
en la que no hay lugar para soberanía de minorías consideradas «inferiores»,
como el caso de los judíos y otros pueblos. Esto se complementa con la cultura
imperialista del «califato», por la cual todo territorio conquistado
por los islámicos es propiedad de ellos hasta el día del juicio final, y, además,
se sienten con el derecho y la obligación de seguir conquistando territorios.
Las discrepancias
políticas se podían haber superado hace mucho tiempo, en múltiples
oportunidades, incluso desde mucho antes de 1948.
P: ¿Cuáles son, a tu
criterio, las principales expresiones de antisemitismo de parte del mundo árabe
hacia Israel?
R: El mundo árabe,
proclama la superioridad del Islam. La única verdad es el Islam. Todo lo demás
es falso. Por lo tanto, el que no es islámico debe convertirse, o hacerse
súbdito, o morir, tal como lo estamos viendo hoy mismo en Irak a manos del
ISIS. Así que el pueblo judío es un pueblo inferior, que se le puede tolerar
como súbdito, pero nunca como pueblo soberano en igualdad de condiciones con
los islámicos. Es una concepción esencialmente racista, no sólo hacia los
judíos sino a todos los no islámicos. Luego, a partir de esos años 20 del siglo
pasado, los árabes «enriquecen» su antisemitismo con la versión
cristiana del mismo, principalmente basados en los Protocolos y otros escritos
cristianos.
P: ¿Todo esto deriva de
una aversión hacia los judíos como tales, en tu opinión, o al hecho que
rechazan su presencia en lo que consideran es tierra del Islam?
R: Actualmente han
desarrollado una aversión hacia los judíos en general. Investigadores señalan
que en la profusa literatura, la televisión, el cine, libros de texto
educativos, etc. que refiere al tema, no se hace distinción entre judíos e
israelíes.
P: ¿Hay a tu criterio
diferencias entre el antisemitismo en los movimientos islamistas y entre las
fuerzas llamadas «nacionalistas»? Te diré que yo sé, de mis idas a
cubrir en los territorios, Cisjordania y antes también iba a Gaza, que en
general los palestinos hablan de «yahud», los judíos, más que de
Israel…
R: Sí, totalmente de acuerdo,
no hay distinción entre judío e israelí, y no hay diferencia entre la visión
fundamentalista religiosa y la nacionalista, mal llamada moderada. Su
«moderación» es puramente táctica, pero la coincidencia en cuanto a
la no aceptación de un Estado judío es total.
P: Imagino que parte de
la respuesta a esta pregunta, pasa por el prisma de la postura política de cada
uno…pero de todos modos la planteo. ¿El asegurar que más que discrepancias
políticas con Israel, lo que hay en el conflicto es una raíz de profundo
antisemitismo, no equivale casi a determinar de antemano que es insoluble?
R: Es que el tiempo va
demostrando que es insoluble. Vos sabés que hubo oportunidades en que todo
hacía pensar que la paz estaba a la vuelta de la esquina, y sin embargo se
esfumó. El ejemplo de Camp David II es bien claro, no sólo Arafat dijo NO a una
propuesta que satisfacía casi el 100% de sus aspiraciones territoriales, sino
que a su vuelta a Palestina fue recibido como un héroe precisamente por haber
dicho NO. El pueblo palestino festejó la «derrota» de Israel; su
victoria fue no haber concedido la paz; la concreción de su Estado puede
esperar.
Entiendo que la lucha por
la paz pasa por la lucha contra el antisemitismo. Creo que ésta es la tesis
fundamental del libro. Deberíamos concentrarnos en denunciar y condenar a todos
los actores -árabes y no árabes- que ayudan a mantener vivo el conflicto
alimentando el antisemitismo: medios, comunicadores, políticos, gobiernos, etc.
P: ¿Qué fuentes nutren el
antisemitismo árabe, musulmán? Los pongo juntos aunque no son sinónimos por
cierto. ¿Es el Corán? Ahí se habla de los judíos como «simios y
cerdos» pero también como «ahl al-Kitáb», junto a los
cristianos, como «pueblos del libro»..
R: El Corán es una fuente
sin duda. Pero lo es principalmente por las interpretaciones que dan los
líderes del actual imperio árabe y sus aspiraciones de reconstruir el califato.
El Corán tiene muchas contradicciones y da lugar a otras interpretaciones, si
hubiera voluntad. Pero el antisemitismo es funcional al sistema de dominación
de los líderes árabes actuales. No te olvides que Egipto fue expulsada de la
Liga Árabe cuando hizo la paz con Israel y volvió recién después de 10 años
cuando quedó claro que más que una paz es una situación de no guerra. También
hubo otros líderes que insinuaron que era mejor llegar a un entendimiento y
fueron amenazados con la expulsión de sus países. La negativa al reconocimiento
de Israel debería ser condenada de la manera más firme por el resto del mundo.
Sólo tres países están teniendo una actitud moral al respecto del conflicto:
Canadá, Australia y, últimamente Holanda. Es mucho mejor que nada, pero es muy
poco.
P: El antisemitismo es
una de las raíces claras del conflicto árabe israelí y entiendo que a tu criterio,
la central…Pero seguramente también la dimensión nacional del conflicto
influye, en la otra..¿no es así?
R: Si te referís a la
dimensión nacional palestina, ésta viene mucho después de comenzado el
conflicto. Diría que es oportunista, ya que sobreviene cuando otras
alternativas fracasaron. La propia carta de la OLP, de 1964, anterior a la
ocupación, no proclama la intención de establecer un Estado palestino, sino que
señala que este asunto el pueblo lo decidirá después de liberar Palestina, es
decir, de destruir a Israel. Cuando pierden la guerra del 67, ahí se produce un
cambio. No debemos olvidar, que todos los territorios que la ONU previó para
tal Estado, estuvieron en manos árabes casi 20 años, y nadie se ocupó de hacer
nada para fundar un Estado palestino.
P. Por supuesto..Entre
1948 y 1967, Cisjordania estaba en manos de Jordania (habría que decir ocupada
por Jordania) y la Franja de Gaza, en manos de Egipto. Marcos, quizás la otra
forma de plantear la misma pregunta o de enfocarla de otro ángulo, es si te
parece que acaso una eventual solución al conflicto, mediante un acuerdo que
determine la creación de un estado palestino independiente en tales o cuales
fronteras, terminará con el problema de fondo….Temo adivinar tu respuesta,
porque bien sabemos que todo empezó cuando no había ni territorios ocupados, ni
asentamientos…
R: Bueno, hasta esta
última ronda de negociaciones -para mí un show montado por el Departamento de
Estado de EEUU para sus propios fines-, la Autoridad Palestina se negó a
establecer un plan que incluyera la proclamación del fin del conflicto y el
reconocimiento del Estado de Israel como Estado judío, o Estado perteneciente
al pueblo judío. Así que en realidad eso no funcionaría. Se necesita una
voluntad internacional suficientemente amplia, capaz de rechazar los planteos
absurdos de la parte árabe, como están haciendo por ejemplo Canadá y Australia,
para que pueda haber un cambio en sentido positivo. Por ahora no se vislumbra.
El espectáculo bochornoso que está ofreciendo América Latina en esta última
guerra, es prueba de que estamos muy lejos de eso.
El conflicto no es entre
Israel y los palestinos, es entre Israel y los árabes, pero además hay otros
actores, sin los cuales no se explica su duración interminable. Empezando por
los principales imperialismos, que han sacado su tajada de este enfrentamiento
-por décadas-, y siguiendo por todos los demás que opinan, condenan y votan a
favor de esa causa árabe que es la de no permitir la existencia de Israel, una
causa injusta, inmoral y violadora del primero de todos los derechos humanos:
el derecho de autodeterminación de los pueblos.
P: ¿Qué diferencias ves
entre la Autoridad Palestina y Hamas en todo esto?
R: Justamente otro tema
que trato con mucho detenimiento en el libro, es el análisis del discurso
histórico-político de los palestinos, tanto de la AP como el del Hamas; y lo
hago usando como marco teórico el libro «Genealogía del racismo» de
Michel Foucault. Me parece de la mayor importancia entender la guerra por la
historia que lanzaron los palestinos en determinado momento del conflicto,
saber cómo opera, y sobre todo, denunciarla y enfrentarla. Ellos han logrado
imponer la idea de que hay «dos narrativas», pero no hay dos
narrativas, hay una historia y una contrahistoria, una narrativa inventada para
auto-legitimarse y deslegitimar al otro, en una operación que no es nueva en la
historia de la humanidad.
P: Marcos, gracias por tu
interesantísimo análisis …y me imagino que estarías de acuerdo con que el
mejor augurio sería que la realidad en el futuro cercano demuestre que estás
equivocado
R: Sin duda alguna.